Negligencia médica: ¿lo pasamos por alto o existen consecuencias psicológicas importantes?

Artículo de: PSICOLOGÍA VELÁZQUEZ , psicólogas y peritos de Madrid , incluidas en el Buscador Judicial Thesauro 

Es importante realizar una distinción entre la negligencia médica y el accidente durante la atención o el tratamiento. Se hace referencia a un accidente cuando este no se puede prever y no es el resultado de la falta de conocimiento o pericia por parte del médico.

Al contrario, la negligencia médica implica un error por parte del médico según las normas de atención para el tratamiento de la condición del paciente, ya sea por falta de conocimiento o debido a una dejadez al proporcionar la atención, lo cual causa un claro perjuicio a la persona.

Las secuelas físicas suelen ser el factor más evidente de la negligencia médica pero no es el único y, en algunos casos, ni siquiera el más importante. De hecho, las consecuencias psicológicas que provoca una negligencia médica no se deben desdeñar ya que, aunque no sean visibles, el sufrimiento que provocan puede afectar a la persona durante años, limitando seriamente su calidad de vida.

– Ansiedad e inquietud: tener que lidiar con un problema de salud ya provoca de por sí una buena dosis de ansiedad y desasosiego, ser víctima de una negligencia médica no hace sino agudizar aún más este estado. Desgraciadamente, la ansiedad no es el mejor aliciente para la salud sino que acentúa los síntomas de numerosas patologías o incluso puede desencadenar alguna enfermedad funcional.

– Desconfianza: la relación médico-paciente se basa en la confianza, una condición fundamental para que se produzca adherencia terapéutica, la cual desempeña un rol protagónico en la sanación. En otras palabras, si la persona confía en el criterio del médico, es más probable que siga el tratamiento al pie de la letra y que sane más rápido. Obviamente, cuando se produce una negligencia médica, la desconfianza sienta casa, y no solo con el médico o el centro implicado sino que a veces se extiende a todo el sistema de sanidad, lo cual, a la larga, repercute negativamente en la salud de la persona.

– Ira y resentimiento: es usual que la persona que haya sido víctima de una negligencia médica se sienta enfadada y no comprenda por qué le ha tenido qué ocurrir justamente a ella. Culpar al médico o al hospital es una reacción normal pero si no se sobrepasa esta etapa sino que se queda atascada en un círculo de resentimiento, este suele generar profundas repercusiones en el ámbito psicológico. De hecho, el resentimiento es uno de los sentimientos más tóxicos que existen porque no solo genera más ira y hostilidad sino que puede afectar directamente la salud física.

– Sensación de abandono e indefensión: a menudo la persona que es víctima de la negligencia médica se siente abandonada a su suerte, experimenta un profundo sentimiento de indefensión, sobre todo una vez que comienza el proceso de reclamación de daños ya que no es sencillo enfrentarse al sistema. Sin embargo, el sentimiento de indefensión conduce directamente a la desesperanza y la depresión, dos estados que no solo afectan profundamente la calidad de vida sino que también pueden desencadenar o agudizar otras enfermedades.

Autoestima limitada: cuando una persona sufre una negligencia médica y se ha generado una secuela física, esto genera un descenso de la autoestima de la paciente. Dicha autoestima se mostrará en sus actos, como por ejemplo, pérdida de habilidades sociales, reducción de actividades de ocio, aislamiento social, etc.

La suma de estas variables puede ocasionar sentimientos depresivos, que pueden llegar a cronificarse y producir un trastorno lo que implica una gran afectación en todos los ámbitos de la persona, social, laboral, personal y emocional.

¿Para qué sirve un psicólogo en la emergencia?

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Artículo de: PSICOLOGÍA VELÁZQUEZ , psicólogas clínicas y jurídicas de Madrid , incluidas en el Buscador Profesional Thesauro

Cuando llega a nuestros oídos que ha tenido lugar una emergencia, un desastre, una catástrofe, lo primero que nos imaginamos es al cuerpo de bomberos, la policía, los médicos del SAMUR y los técnicos en emergencia. Sim embargo, el psicólogo es otro de los profesionales y especialistas de que intervienen en situaciones de emergencias, crisis y desastres.

El papel o rol que cumplen los psicólogos dentro del equipo de emergencias, encargado de normalizar la vida en estos escenarios es fundamental, y por esto es necesaria su presencia.

En la actualidad el papel del equipo de intervención psicosocial, es casi por completo desconocido. A través de este post explicaremos qué es la psicología de crisis, catástrofes, emergencias y desastres y el rol del psicólogo.

Los profesionales de este campo, definen la psicología de emergencias como:

“La rama de la psicología que abarca el estudio del comportamiento y el modo de reacción de los individuos, grupos o colectivos humanos en las diferentes fases de una situación de emergencias o desastres” (Acevedo y Martínez, 2007).

El psicólogo especializado en esta rama, debe estar preparado psicológica y emocionalmente para hacer frente a todo tipo de situaciones. Algunos de estos profesionales, advierten que es una especialidad en que requiere como elemento imprescindible una gran vocación Hay que ser realista y conscientes de que no todos los psicólogos estamos preparados para actuar y trabajar bajo tanta presión y en situaciones de especial vulnerabilidad.

En estas situaciones, el psicólogo tratará con personas con episodios traumáticos que pueden generar estados de ansiedad, ataques de pánico, pérdidas, duelos, incertidumbre, desconsolación… y su objetivo es adaptar e intentar minimizar las crisis emocionales y psicológicas tanto a nivel individual como, sobre todo, a nivel del grupo afectado;

Esto implica que, además de esa vocación, citada anteriormente, el profesional ha de tener clara la gestión del tiempo y de los recursos. Hay que tener en cuenta que la actuación del psicólogo de emergencias es a tiempo real, con respuesta inmediata ante una situación nueva, inesperada, de crisis y con gran capacidad de generar incertidumbre. Cuando el profesional es solicitado para atender una emergencia, durante los primeros minutos no sabe a qué se enfrenta ni lo que va a encontrar al llegar a la zona de conflicto, puede que se presente ante un único afectado, pero puede que sea un gran grupo de personas los que han sufrido dicha crisis, por esto es imprescindible esa gestión de tiempos y recursos.

El principal rol del psicólogo es informar a las personas de lo que ha pasado, de sus estados vulnerables yexaminar el impacto psicoemocional del desastre. Ha de fomentar un entorno de protección y asistencia, promoviendo un clima de absoluta confianza en la persona o grupo de personas, y regular las reacciones psicológicas negativas que se presenten en ellas.

En algunas ocasiones, los propios profesionales han de atender a sus compañeros, ya que puede aparecer en ellos algún tipo de reacción negativa o imprevista. Esto es más habitual de lo que se cree, y demuestra que por muy preparados que estén los profesionales, somos personas y que nadie es inmune a sufrir una crisis.

Es importante explicar, que todas las reacciones a una situación de crisis o desastre, son normales y que lo extraño, anormal o raro es la situación.

La otra cara de la diversión

La fiesta, se trata de un rito social, compartido entre un grupo de personas, donde se marca un cierto acontecimiento a modo de celebración. Cada uno de los participantes adopta un rol para la ocasión y por lo general es descontracturado y desinhibido.

Esto está íntimamente relacionado con el hecho de que el comportamiento humano, se ve alterado cuando las personas estamos en grupo. En estos momentos de interacción social se ve más potenciada la identidad de grupo que la propia identidad personal y por lo tanto aumenta la influencia del grupo en los comportamientos individuales.

Esto se ha visto reflejado a lo largo de los años en situaciones tan cotidianas en las que por ejemplo, si uno de los componentes del grupo, o de los líderes, toma una copa, los otros también lo harán solo por sentirse integrados socialmente y pertenecer al grupo. Lo mismo ocurre con las drogas como el tabaco u otras sustancias.

En los casos de agresiones sexuales que se han ido conociendo a lo largo de estos meses, el factor grupal tiene un peso importante en la mayoría de ellas, al cual se le suma la ingesta de alcohol y otras sustancias, propias de las fiestas o grandes aglomeraciones.

Esto no justifica en ningún caso el desarrollo de estas situaciones, agresiones o comportamientos machistas, pero si bien es cierto que son unos buenos predictores de dichas conductas.

Cuando un grupo de amigos se encuentra en una situación social agradable, desinhibidos, con muy poco control y con el deseo incesante de conocer personas del otro sexo, como son consideradas por ejemplo las grandes fiestas de las ciudades o los pueblos, pueden llegar a cometer acciones que ellos, individualmente, no realizarían; esto se ve acrecentado además, por el aumento de apetito sexual que genera el consumo de alcohol en determinadas dosis.

Refiriéndonos concretamente a los hechos ocurridos el pasado mes de Julio en las conocidas fiestas de los Sanfermines, hacemos referencia a que las agresiones sexuales y comportamientos machistas provenientes de los jóvenes, se han ido normalizando a medida que se han ido conociendo imágenes y situaciones del mismo estilo años anteriores. Con esto, ese tipo de situaciones se va asimilando como comportamientos normales en dichas fiestas y no como comportamientos dignos de sanción o pena. Esta normalización da lugar a que cuando las víctimas dicen “NO” al posible agresor, éstos o éste se ve rechazado y humillado y con el derecho de insultar, atacar, humillar a la mujer como si fuese de su propiedad y como si la única opción posible ante él fuese un “SI”.

No obstante es importante tener en cuenta que, el hecho de que el número de denuncias haya crecido, no quiere decir que las denuncias sean más, sino que la concienciación de la sociedad acerca de las agresiones sexuales, ha aumentado. Tal y como ocurre en nuestro país en las situaciones de violencia de género o en el acoso escolar, dichas situaciones existen desde hace muchos años, pero lo normal en estos caso era el silencio; la creencia de que la situación era normal y de que nadie podía ayudarte era lo que primaba. A día de hoy, gracias a campañas de información, sensibilización, prevención y actuación, las víctimas de agresiones sexuales conocen qué es lo que tienen que hacer y qué recursos existen para ayudarlas.

En España queda mucho campo que recorrer en cuanto a estas campañas de prevención e información, y hay que tener claro que lo más importante en estas situaciones es la información. Si los jóvenes no tienen información acerca de los recursos existentes, la situación seguirá manteniéndose como hasta ahora.

Artículo de:

PSICOVELÁZQUEZ , gabinete de psicología clínica y jurídica de MADRID , incluido en el Buscador Profesional Thesauro

El acoso laboral no es ‘lo normal’

Artículo de: publicado en JUPSIN de PSICOLOGÍA VELÁZQUEZ  psicólogas y peritos judiciales  profesionales incluidas en el Buscador Profesional Thesauro 

El dato es demoledor, el mobbing o acoso laboral  afecta a 12 millones de personas en el mundo y la Organización Mundial de la Salud (OMDS) le otorga el grado de pandemia. Podemos describir el acoso laboral como la situación en la que una o varias personas ejercen violencia psicológica, de forma sistemática y recurrente y durante un periodo de tiempo prolongado sobre otra persona en el lugar de trabajo, para aislarla, dañar su reputación, perturbar sus logros laborales y conseguir que deje el trabajo.

Este acoso suele estar motivado por antipatías subjetivas y por inseguridades del acosador. En la actualidad, podemos afirmar que existen los denominados ‘adultos infantiles’. Se trata de adultos con comportamientos propios de un niño sin capacidad empática, que saben lo que está bien y mál y, aún así, se comportan como acosadores.

Hay que invertir la tendencia a normalizar el mobbing

El problema del acoso psicológico en el lugar de trabajo se mantiene de forma muy preocupante, con una tendencia a normalizar este tipo de conductas como elementos naturales en las relaciones laborales. Es importante, por lo tanto, trabajar para invertir esta tendencia, ya que el acoso provoca graves daños en gran parte de la población laboral.

En España, se ha avanzado mucho en conocimiento y divulgación del acoso laboral, así como en sus implicaciones jurídicas y psicológicas. No obstante, todavía contamos con dificultades a la hora de gestionar los conflictos, y ha llegado el momento de actuar en esta dirección. Es indispensable disponer de herramientas y metodología que sea de fácil aplicación, destinada a detectar y a activar los recursos de los que disponemos para intervenir sobre el problema.

Los comportamientos constitutivos de acoso en el trabajo, según Leymann, suelen implicar cinco dimensiones sobre las que atacan los acosadores

  • a la posibilidad de comunicarse
  • en las relaciones sociales
  • en la estima social
  • sobre la calidad de la situación profesional y personal
  • a la salud

¿Cómo podemos identificar una situación de acoso laboral?

En el fenómeno del acoso, debemos tener en cuenta tres aspectos relacionados entres sí: el conflicto, el acoso y la percepción subjetiva del acoso.

El conflicto

Un conflicto es una situación de desencuentro entre varias personas en un momento determinado y con una percepción de reversibilidad. Es decir, discrepancias o deseos actuales que son incompatibles. De acuerdo con esto, podemos hablar de tres tipos de conflicto: conflicto de relación, cuando existen componentes personales; conflicto de tares, debido a cuestiones relacionadas con las tareas o con los contenidos relacionados de esas tareas; y conflicto de proceso, que surge por la asignación de tareas o al determinar a la persona responsable de cada actividad y la distribución de obligaciones y recursos.

El acoso

Las características más relevantes y distintivas de una situación de acoso son:

  • intencionalidad
  • repetición
  • persistencia en el tiempo
  • asimetría
  • objetivo final
  • organización

El acoso no es una situación accidental debido al estrés del trabajo, sino que tiene la evidente intención de dañar a la persona y conseguir como objetivo final el abandono voluntario del trabajo por parte de éste, descartando la reversibilidad de situaciones anteriores. Se trata de un conducta repetitiva y persistente en el tiempo, puesto que esta manera se consigue minar la resistencia psicológica y física de la persona acosada.

De forma habitual, se utilizan las posiciones jerárquicamente más altas, y cuando el acoso se produce entre compañeros del mismo rango se abusa del liderazgo dentro de los grupos existentes en la organización. El acosador lleva a cabo estas conductas de una forma organizada y tácita y la víctima se inhibe y acepta esta situación sin cuestionarse sus repercusiones.

Percepción subjetiva del conflicto

Podemos entender esta percepción como un fenómeno individual en el que una persona vive una situación de acoso sin que existan evidencias de agresiones o acciones que puedan estimarse como propias del mismo. No hay que olvidar que, tal y como afirman Niedl y Leymann, las estrategias de acoso no son universales, sino que están condicionadas por el contexto sociocultural y ocupacional.

Las personas afectadas son diferentes en aspecto, conducta, valores y actitudes con respecto al grupo 

Las personas afectadas son diferentes en aspecto, conducta, valores y actitudes con respecto al grupo general. Su presencia provoca un cuestionamiento implícito sobre las características y los valores que dan homogeneidad al grupo; así, estos sujetos se pueden clasificar en tres grupos:

  • envidiables, personas brillantes y atractivas que son consideradas como peligrosas por los líderes implícitos del grupo, que se sienten cuestionados solo con su presencia.
  • vulnerables, individuos con alguna peculiaridad o simplemente con necesidad de afecto o aprobación, que dan la impresión de ser inofensivos e indefensos.
  • amenazantes, que son activos, eficaces y trabajadores, que ponen en evidencia lo establecido y pretenden realizar mejoras o cambios en el trabajo.

Si tenemos en cuentas estas tipologías, cualquier persona puede llegar a sufrir acoso a lo largo de su vida laboral.

Mobbing, la importancia de prevenir y sensibilizar

La situación de acoso puede tener múltiples consecuencias para las víctimas, consecuencias que dependerán de la vulnerabilidad de cada persona, del tiempo de acoso y del tipo de acoso sufrido.Prevención y sensibilización

Las consecuencias más habituales son:

  • deterioro de la autoestima y de la confianza en sí misma en cuanto a sus capacidades personales y profesionales
  • desarrollo del sentimiento de culpa, por el que la persona piensa en los errores que pudo cometer para ser víctima de acoso
  • insomnio
  • fatiga
  • dificultad de concentración
  • síntomas de ansiedad y depresión
  • sueños recurrentes de la situación de acoso
  • sentimientos de impotencia y frustración

Desde Psicología Velázquez lo tenemos claro, las empresas han de tener en cuenta que estas situaciones no sólo causan perjuicios al trabajador, sino al ambiente de trabajo en general. Una buena fórmula preventiva consiste en favorecer la comunicación y la transparencia, así como impulsar las campañas informativas de prevención y sensibilización. Sin duda, estos con componentes fundamentales de la receta para disminuir la pandemia del mobbing o acoso escolar.

 

Psicoterapia Natural Recursos terapéuticos al alcance de todos

Psicoterapia Natural... - libro publicado en Círculo Rojo

Libro de: SABINO DELGADO MARINA psicólogo y perito , incluido en el Buscador Profesional Thesauro 

“Psicoterapia Natural” es una obra eminentemente práctica, repleta de recursos y herramientas al alcance de todos que podemos utilizar para llevar una mejor vida. El objetivo no es alcanzar la felicidad (objetivo realmente inalcanzable que solamente nos está frustrando más por aspirar a algo imposible), sino que el objetivo es tener una vida serena, sosegada y que seamos capaces de controlar, no que la vida nos controle a nosotros. Con este libro aprenderás muchos recursos que te pueden ser útiles en el día a día, algunos más ortodoxos como las distintas corrientes psicoterapéuticas, y otros al alcance de la mano, como pueden ser la alimentación, el ejercicio o el desarrollo de buenos hábitos, todo ello sin olvidar distintas técnicas orientales que pueden facilitar nuestra vida.

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Nuestra independencia con el móvil o nuestra dependencia a él

adiccion al movil

FUENTE: PSICOLOGÍA VELÁZQUEZ Psicología forense y sanitaria*

Desde pequeños, tenemos la creencia de que el móvil es sinónimo de independencia y libertad. La realidad es que lo que creemos independencia se convierte en dependencia.

El uso del teléfono móvil se convierte en adicción cuando pasa a ser una conducta repetitiva y que nos genera satisfacción, es un impulso que no se puede controlar y necesitamos usarlo constantemente, en cualquier momento del día y a cualquier hora.

Se convierte en dependencia cuando la conducta es irreprimible, incontrolable y exagerada y que por estar haciendo uso del móvil, dejamos apartadas otras actividades que solíamos hacer como es leer o simplemente tener una conversación con un amigo en un bar.

Si nos fijásemos por un momento, en las mesas de un restaurante, comprobaremos que todos ellos en algún momento de la comida cogen el móvil y por consiguiente, dejan de prestar atención y rompen la dinámica de la comunicación.

Las personas dependientes que dejan de usar sus móviles, tienen como consecuencia el síndrome de abstinencia psicológica y física, padeciendo angustia, ansiedad, nerviosismo e irritabilidad. Toda esta sintomatología se desvanece cundo vuelven a tener contacto con el móvil.

Como toda adicción, tiene unos efectos que son graduales dependiendo de la persona, pero entre otros se encuentra, aislamiento social y soledad creyendo que el mejor modo de comunicación es el móvil, comportamiento compulsivo, alteraciones de estado de ánimo, falta de habilidades de comunicación y lenguaje, pues se tiende a valorar la rapidez al escribir, creciente sensibilidad a las críticas ajenas, fracaso escolar, etc.

Por este motivo, es de suma importancia controlar el uso de los teléfonos a los menores, pues son más susceptibles de generar adicción.

El mundo de las tecnologías puede ser beneficioso, pero también puede generar problemas como los que hemos desarrollado. Sin un control exhaustivo del móvil, vivimos mejor aunque no lo creamos.

Más bienes, por favor

Reflexiones desde la psicología sobre temas clínicos y sociales

Podíamos cambiar en la canción de Aute donde dice  “Cine, cine, cine, más cine, por favor…” cine porbienes y eso sería un fiel reflejo del principal afán de la vida en occidente y, cada vez más, en el resto del mundo. Quizás me equivoque, pero cada vez que oigo las noticias, casi diarias, sobre un nuevo caso de corrupción, y de las que ya hasta el papa se hace eco, aunque lo haga sin rascar apenas superficialmente en las que interesan, afectan, a la Iglesia, incluidas las noticias que se refieren a esos terroristas que mercadean con la droga, los diamantes o las mujeres para mejor servir a su dios, cada vez que las oigo, me reafirmo en la idea de que una de las claves fundamentales para entender las brutales diferencias entre los seres humanos y las injusticias constantes que se cometen es el uso que hacemos de los bienes, bienes cuya producción es lo que siempre ha vendido el capitalismo como la piedra angular del progreso. Los bienes, a partir de cierto nivel, solo están destinados a esa acumulación, tan triste como obscena, o a la adquisición de ese tipo de posesiones que tienen como único fin marcar la “categoría” social, es decir, “lo que me diferencia de vosotros es que tengo más bienes, más riquezas” y la ostentación más ruin de las mismas. Si, además, muchos de los que llegan a atesorar fortunas lo hacen faltando a la ley del modo más mezquino, se verá que esos bienes no pueden ser sino pura basura, por más que mansiones, yates, trajes o perfumes traten de disimularlo.

Pero no solo me refiero a los bienes materiales. También el cuerpo es, cada vez más, convertido en un bien que, en demasiadas ocasiones, esclaviza. Es el caso de la anorexia, por ejemplo, o de los que se dedican a sacar músculos como único fin en su vida. Es también, como decía una paciente, la búsqueda de la satisfacción que se obtiene incluso al realizar rituales compulsivos, propios del trastorno obsesivo-compulsivo. O, por supuesto, todos los que convierten la búsqueda y consumo de sustancias químicas, legales o no, en su único bien. Es decir, todos esos comportamientos que conducen a considerar un bien como algo esencial para su vida, aunque termine yendo claramente en contra de su bienestar.-

No menos obscena que la acumulación o atadura a un bien es la admiración o envidia que suelen producir en los que no tienen esos bienes, en este caso sobre todo los materiales. Hoy, como en toda la historia que nos precede, nos dejamos explotar, cuando no robar o saquear, por los mismos a los que luego salimos a la calle a aplaudir y a admirar recubiertos de sus joyas, sus vestidos, su aire de superioridad o su capacidad de derroche.

Mientras no dejemos de buscar en la posesión de bienes, en su mayor parte absurdos y de simple representación social, el complemento a nuestro ser, a nuestras faltas y carencias, nunca nos aproximaremos, no ya a la justicia más elemental, sino a la más esencial felicidad. Mucho menos podremos ocuparnos de mejorar las condiciones de vida de aquellos a los que les falta el más esencial de los bienes, la comida o el abrigo.

Lo peor de los bienes es que nos aíslan en nuestro empeño en conseguirlos cerrando los ojos a las carencias ajenas, sin esa tan mentada empatía que, como se suele emplear, es pura falacia, y en contra de esa pretendida fuerza de lo social en las llamadas redes sociales y que son más redes que nos atrapan como a peces que, juntos, esperan que el tiburón se coma a los otros, que sociales.

Quizás mientras escribo mi mente me lleve a ese coche lujoso que me gustaría conducir o ese móvil último modelo que imagino me va a quitar las ganas de tirar a la basura ese chisme maldito que ha logrado invadir todos los ámbitos de nuestra vida y ser el elemento que más interrumpe nuestras tareas o descansos. Trabajar sin que suene por cualquier nimiedad es ya un imposible; leer en el metro o el autobús sin escuchar lo que ha comido el niño, la poca consideración del novio, el diario de un día de trabajo o los planes del fin de semana que a nadie importan es ya mi principal anhelo. Mantener una conversación en la comida o paseando o en cualquier sitio sin que un mensaje obligue a alguien a mirar el móvil y descuidar lo que se está hablando es la norma. Pero, eso es verdad, puedes hacer fotos sin parar, buscar un restaurante o la cartelera del cine y hasta preocuparte del tiempo que va a hacer como si tuvieras trigo plantado. En ese coche anhelando, además, sirve de GPS para que ya no puedas perderte y descubrir un pueblo perdido. Menos aún ejercitar la memoria porque el camino ya te lo marca el móvil y te ofrece los números sin que hayas de recordarlos. Quizás piense en viajar en avión a ser el turista número treinta millones que fotografía el mismo monumento o el mismo ambiente de pobreza que me hace desear volver corriendo a casa para no pensar demasiado en lo que me he encontrado. Pero tal vez tanta foto logre volverme ciego a la pobreza, la enfermedad o la muerte ajena.

Lo último es hacer cualquier gilipollez y subirla a YouTube para admiración del resto de los humanos. Hasta los terroristas, tan atados a la Palabra que prohíbe las imágenes, graban sus barbaridades para que todas las podamos ver a través del móvil o el ordenador.

Por supuesto, si yo llamo a este blog “Sin fórmulas de la felicidad”, es porque eso supone que yo no puedo saber si alguien puede ser feliz acumulando bienes o teniendo el último modelo de móvil, pero al menos puedo asegurar que no hay acumulación de uno sin explotación de otros; que no hay progreso que alcance a todos los seres humanos, porque, hasta ahora, ese progreso se apoya en el empobrecimiento de países enteros.

Publicado por Emiliano de la Cruz García psicólogo y perito , integrante de PSICOLEY  , y miembro del Buscador Profesional Thesauro .

Separarse de la agresión del otro

Es algo habitual en las familias que, en un momento dado, sea la agresión, directa o simbólica, la que se interponga en la relación. Aunque se suele acudir a la consulta de un psicólogo cuando la agresión procede del hijo, sobre todo si es adolescente, se suele eludir la que nace de los propios padres. En uno y otro caso la respuesta suele ser agresión por agresión, sin tratar de tener en cuenta que en esa relación están, o deberían estar, presentes los afectos.

Aunque se proponen desde la psicología diversas estrategias para reducir esas agresiones, creo que se suele olvidar la más evidente: que los padres, por ser tales, pueden restar valor a la supuesta ofensa ―no se sientan ofendidos o heridos constantemente― en pro de saber, interrogar, qué es lo que realmente le ocurre a su hijo, por qué necesita atacarlos. Y es que no hay que olvidar que, se comporte como se comporte el hijo, detrás sigue habiendo lazos de amor que le unen a sus padres y es a ellos a los que hay que acogerse para resolver la situación. Si un hijo insulta o empuja a la madre o al padre, se le puede responder en el mismo nivel, y añadir castigos, o satanizarle como si fuera una mala persona, pero eso no romperá nunca el círculo de agresiones. En cambio, si ese padre o esa madre tratan de restarse como los señores importantes, los ofendidos por alguien que les debe consideración y respeto, en vez de pensar exclusivamente en su ego herido o en su orgullo, podrán mostrar a su hijo que su empeño de ofenderlos yerra el blanco y que su respuesta no será un simple acto reflejo y no lo agredirán a su vez. Cada vez que se logra dejar de responder a la agresión con la agresión, se permite al hijo cuestionarse su comportamiento o pensar sobre lo que le hace caer en esas conductas. También percibirá pronto que es alguien importante, querido, por sus padres y eso abrirá ya una posible vía de solución a lo que le sucede.

Cuando son los padres los que agreden es más difícil, pero en la consulta se puede ayudar al adolescente a sustraerse de la agresión para interrogar a sus padres: ¿Por qué necesitáis hacerme daño? La interrogación es la mejor forma de cuestionar la conducta del otro sin hacerlo daño, siendo por tanto la mejor vía para hacer que ese otro (padre, madre, hijo, hermano…) modifique sus conductas.

Suelo comentar que, cuando algunos chavales o adolescentes llegan a consulta y lo primero que hacen es llamarme hijo puta, o cabrón, o mierda, lo que más los descoloca es que les conteste Muchas gracias, muy amable. A partir de ahí, al no responder en espejo a su ataque, se los puede cuestionar su necesidad de ofender o de poner a prueba a quien tienen delante. Ese modo de respuesta, en un plano totalmente distinto al que el que ofende espera, es eficaz en cualquier situación cotidiana, como la del tráfico (donde la gente tiende a ofender con cierta facilidad).

Publicado por Emiliano de la Cruz García miembro de PSICOLEY gabinete de Psicólogos y Peritos incluidos en la Guía Española de la Abogacía y Periciales y en el Buscador Profesional Thesauro 

Las Muertes Invisibles

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Artículo de: PSICOLOGÍA VELÁZQUEZ, psicólogas y peritos de Madrid , incluidas en el Buscador Profesional Thesauro 

En la actualidad, no existen políticas contra el suicidio. El último estudio estadístico realizado en el 2014, plasma una realidad sumergida e invisible, manteniéndose el suicidio como la primera causa de muerte, que consideran externa, con 3.910 suicidios. Ante esto, como ciudadanos deberíamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿por qué no es un dato que deben considerar importante y actuar para combatirlo?

Nos encontramos con una nebulosa en cuanto a este tema, un tema tabú en nuestra sociedad, un tema que debe dejar de ser invisible y por lo tanto, ser consciente de dichas muertes.

Las muertes invisibles nos aportan una gran información sobre la necesidad social de atención psicológica que requiere nuestra sociedad y que estamos pasando por alto. ¿Por qué lo pasamos por alto? Debido a algunas ideas insertadas en la sociedad sobre el suicidio, tendemos a menospreciar dicho tema, aun así si cada ciudadano del mundo fuese consciente de este hecho “en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos y se calcula que otra lo intenta cada dos segundos”, pondríamos mayor atención a la necesidad de ayuda.

Por otra parte y no menos importante, son los familiares del entorno más cercano a la persona fallecida. Estas personas, necesitan un apoyo psicológico fuerte y en realidad son “los eternos olvidados”. Ellos pueden ser, si se les brinda ayuda y conocimientos, un gran mecanismo para impedir el suicidio, pero esto no se baraja en nuestra sociedad.

Podemos escuchar en alguna conversación “la persona que se suicida quiere morir”. En realidad, la frase correcta y adecuada es:“la persona que se suicida quiere dejar de sufrir”. No desea morir, y mucho menos matarse, sino que busca una forma de vivir distinta, sin los problemas que sufre. Valora la muerte como la única alternativa posible para superar la situación. Con todo esto, concluimos que en realidad es una persona que necesita ayuda para ver otras alternativas de solución o en su caso una disminución de sus problemas.

Entre tantas personas, existe el mito de que el suicidio no se puede evitar. Evidentemente, nada se puede prevenir si no se hace nada para prevenirlo y de momento en España no se ha instaurado un plan de acción que sea conocido por toda la sociedad. Creando un argumento contrario a ese mito, debemos decir que se conocen los factores de riesgo y por lo tanto existe un conocimiento sobre las variables en las que debemos incidir y controlar.

En modo de conclusión, debemos decir que la conducta suicida se entiende como la consecuencia de una interacción entre los estresores a los que cada persona se enfrenta. La Organización Mundial de la Salud afirma que los factores de riesgo se entrelazan como factores estresantes y precipitantes, de manera que pueden dar lugar a conductas suicidas. La persona con riesgo suicida puede disponer de habilidades de afrontamiento de problemas que han de potenciarse con un buen tratamiento o de familiares y amigos que le protegen de ese riesgo.

Las muertes invisibles son muertes relevantes.