«Ni siendo biólogo es fácil distinguir entre una víbora y alguna culebra»

Un experto en ofidios dice que es muy raro que haya mordeduras y niega que haya superpoblación de serpientes en Galicia

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Luis Saavedra del Río (Madrid, 1957) es biólogo, zoólogo y pertenece al Colegio Oficial de Biólogos de Galicia, entre otras reconocidas organizaciones. Se licenció en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid y entre sus muchas colaboraciones figuran trabajos sobre especies protegidas, conservación de la fauna y estudios de clasificación e identificación de especies.

-¿Cuántas especies de víboras se pueden encontrar en Galicia?

-Hay dos, pero la más común es la víbora de Seoane, que está emparentada con la europea. La otra, la víbora hocicuda, es más raro encontrarla por su distribución, que se limita a la zona de O Xurés, en Ourense.

-¿Y cómo puede una persona diferenciar una víbora de una culebra sin más?

-Aunque se sea biólogo no es fácil distinguirlas porque incluso hay culebras inofensivas que imitan, en su aspecto y su conducta, a la víbora para defenderse aunque no lleguen a morder siquiera. Hay varias culebras ibéricas que también se distribuyen por el territorio de Galicia, una de ellas se denomina culebra viperina, que reproducen exactamente el color y la conducta de una víbora como método de supervivencia. Así que yo diría que lo principal para distinguirlas son las pupilas, que son verticales, mientras que las de las culebras son redondas. Y por otro lado, las escamas de la cabeza, que tienen muchas y muy pequeñas, a diferencia de una culebra que tiene menos y de un mayor tamaño. Además, no suelen pasar de los cincuenta centímetros de longitud, salvo raras excepciones en las que por longevidad lleguen a los sesenta o setenta. Pero si alguien se encuentra un animal de un metro puede estar seguro de que no se trata de una víbora hocicuda o una de Seoane.

«En muchos casos, la víbora no inyecta veneno cuando muerde a una persona; no quiere malgastarlo»

-¿Es frecuente que las víboras, cualquiera que sea la especie a la que pertenezca, muerda a una persona?

-No. Son rarísimas las mordeduras de ofidios. En países más cálidos y tropicales como la India puede haber decenas de miles cada año. En España no creo que lleguen a las 1.500 picaduras al año y de ellas, en el peor de los casos y siempre por circunstancias muy particulares que se suman a la mordedura en sí, solo en dos o tres casos resultan mortales.

-¿Cuáles podrían ser esas circunstancias que multiplican el peligro de una mordedura?

-Pues por ejemplo ser alérgico sin saberlo, padecer algún tipo de enfermedad cardiovascular, estar bajo algún tratamiento fuerte que pueda potenciar el veneno, ser una persona mayor o un niño con un sistema inmune más débil que el de una persona adulta.

-¿Por qué atacan las víboras?

-La cuestión de la picadura depende de la buena o mala suerte que tenga la persona. Poner la mano o el pie cerca de una sin darse cuenta o ir caminando descalzo, algo poco frecuente. Por eso, la mayoría de las veces, las mordeduras se producen en las extremidades superiores. Lo que no sabe la gente es que, en la mayoría de los casos, cuando una víbora muerde lo hace sin inocular veneno. Por advertencia o porque se siente intimidada. Con las personas tienen un comportamiento defensivo, mientras que cuando cazan para alimentarse es ofensivo. Sin embargo, intentan no malgastar su veneno porque les cuesta mucho generarlo y sintetizarlo. Por eso digo lo de que hay que tener muy mala suerte para que la mordedura requiera un peligro para la vida. Además de que depende de la irrigación sanguínea de la parte del cuerpo en la que se produzca. La cabeza, por ejemplo, sería una zona más delicada, pero es rarísimo que sea así.

-¿Qué es lo que se debe hacer si uno se encuentra con una víbora?

-Alejarse poco a poco sin hacer movimientos bruscos. Y mantener la calma. Si no se le hace nada ella ni va a atacar ni va a querer ser atacada. No es un animal abundante, pero en las zonas que son reservas o parques naturales tienen la densidad que les corresponde dentro de la cadena trófica. Además, ellas también tienen sus depredadores, como el águila culebrera o el águila ratonera. Pero no es que haya ninguna superpoblación por la que estar alerta.

«Lo principal para distinguirlas es fijarse en las pupilas, que son verticales como las de los gatos»

Consejos: Mantener la calma para que el corazón bombee la sangre más lentamente

En el caso de que una persona sufra la picadura de una serpiente, aunque no sepa qué tipo es, lo primero es llamar al 112 para seguir las instrucciones que le indiquen y esperar la ayuda. Mientras tanto, se aconseja:

ante todo, calma

Menos bombeo de sangre. Hay que mantener la calma porque el corazón bombeará más despacio la sangre y el veneno tardará más en hacer efecto.

Riesgo mínimo. Algo que puede calmar a los miedosos es que en España hay unas mil picaduras de víbora cada año, y solo tres son mortales.

Antídotos garantizados. Hay antídotos para todos, incluso embarazadas y niños.

sin apreturas

Quitarse anillos y pulseras. Suelen picar en brazos o piernas. Hay que quitarse anillos, pulseras o relojes para evitar un estrangulamiento de la zona afectada.

Nada de torniquetes. Es un error frecuente intentar hacer un torniquete. Sí se puede inmovilizar con una ligadura ancha.

La herida, en alto. Para dificultar la extensión del veneno.

marcar la herida

Un círculo con rotulador. Se puede desinfectar la zona con un antiséptico incoloro y pintarla rodeándola con un rotulador para ver cómo avanza la hinchazón.

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Los insectos cambian de hábitat

Fuente: La Voz de Galicia 20.8.2015  en la que se hace referencia a LUISA SAAVEDRA DEL RÍO perito biólogo integrande en el Buscador Profesional THESAURO.

La ubicación y el clima peninsulares convierten a España en un país con alto riesgo de establecimiento de insectos tropicales transmisores de enfermedades. El mosquito tigre es habitual en el Levante español; el hábitat de las garrapatas, transmisoras de borreliosis, se extiende a lo largo del continente europeo; y dos tipos de flebotomos, dípteros que contagian la leishmaniasis, se han asentado en la península.

El Centro de Control de Enfermedades de Europa (ECDC, por sus siglas en inglés) actualiza periódicamente un mapa del movimiento de estos insectos por el continente europeo. En los últimos años, el ECDC ha manifestado su preocupación, no solo por la llegada de estas especies a Europa, sino por su asentamiento en la región.

Muchos virus tropicales alcanzan Europa a través de personas infectadas en terceros países. Sin embargo, las migraciones de aves, el mercado de ganado y el comercio de neumáticos y madera tropical, productos donde los mosquitos dejan sus larvas, pueden facilitar la llegada de dípteros y garrapatas a Europa.

A día de hoy, en España solo se ha establecido un mosquito transmisor de enfermedades tropicales. El Aedes albopictus, omosquito tigre, puede ser portador del dengue; del virus del chikunguña, que causa una fase febril y dolor de articulaciones, y de dirofilariasis, enfermedad canina producida por un parásito que se aloja en el corazón del huésped provocándole un paro cardíaco.

Según en el biólogo Luis Saavedra, «el calentamiento global ha favorecido el asentamiento de artrópodos en España, sobre todo en las costas del mediterráneo, donde el clima es más suave». De hecho, el ECDC estima que la evolución del clima puede provocar que el mosquito se establezca definitivamente en el sur europeo, multiplicándose la incidencia de estas afecciones.

Los flebotomos son el principal transmisor de leishmaniasis, enfermedad que afecta mayoritariamente a los perros, pero que puede ser contraída por el ser humano. Esta afección es transmitida en España por el Phlebotomus perniciosus y el P. ariasis, endémico de las fronteras con Portugal y Francia y de la costa mediterránea. En el año 2012 se localizó un foco de leishmaniasis en Ourense que afectó al 35 % de los perros de esta provincia. Anteriormente, el P. ariasis tenía su radio de acción en la cuenca mediterránea, pero el aumento de la temperatura y la proliferación de zonas verdes con agua estancada han propiciado una redistribución de esta especie en el país.

Pese a que el clima gallego no es el favorito de los artrópodos, la progresiva desertización de Galicia supondrá un riesgo para el futuro. «La desertización que se está produciendo en Galicia favorece el establecimiento de insectos y puede provocar plagas», aclaró Saavedra.

Por otra parte, la llegada por mar de ganado de regiones tropicales puede suponer la importación de enfermedades de otras latitudes. Las infecciones tropicales por picaduras de garrapatas suelen ser graves pero poco frecuentes en el continente.

Sistema sanitario

No obstante, la garrapata común, o Ixodes ricinus, habitual en el norte de España, puede producir encefalitis y borreliosis, infección que causa dolores musculares y fiebre. En el área rural de Lugo se produjeron en el 2010 más de 60 casos de esta enfermedad, pero Saavedra asegura que no suponen una amenaza. «Las picaduras de garrapatas suelen producirse por descuidos en el campo. Sin embargo, el sistema sanitario está preparado para enfrentar esta enfermedad» dijo el biólogo.

El desplazamiento de las garrapatas depende de sus huéspedes, aunque su distribución se ha visto modificada en las últimas décadas debido al calentamiento global, los cambios en el uso de la tierra y el turismo.

Las crisis sanitarias provocadas por virus tropicales han demostrado que la tendencia de las autoridades europeas es a luchar contra los brotes cuando ya han ocurrido, en lugar de prevenirlos. Saavedra declaró que «actualmente no se están tomando medidas de carácter urgente, aunque hay expertos preparados y medios para hacerlo».

En un mundo globalizado, las enfermedades negligenciadas, descuidadas hasta ahora por ser endémicas de países pobres, están comenzando a aparecer en el mapa de Europa, obligando a los organismos sanitarios del continente a contemplar a los mosquitos, garrapatas y flebotomos, endémicos e invasivos, como posibles amenazas presentes y, sobre todo, futuras.

Policías contra el mosquito tigre

Científicos catalanes y Mossos de de Esquadra emprenden una campaña para encontrar ejemplares de mosquito tigre en los coches. La dispersión del mosquito tigre en la península sugiere que estos insectos deben estar moviéndose por carretera. Este procedimiento se lleva a cabo durante los controles rutinarios de los Mossos, momento que aprovechan los agentes para invitar a los ocupantes del vehículo a participar en la búsqueda de estos insectos dentro del automóvil. Hasta ahora las estimaciones indican que la presencia de mosquitos oscila entre el 0,1 y el 1 % de los coches, que se considera una alta tasa si se multiplica por el número de coches en el país. Los científicos calculan que los vehículos españoles pueden llegar a transportar 800.000 mosquitos en su interior.