La atención psicológica en la minusvalía psíquica

Artículo de: EMILIANO DE LA CRUZ psicólogo y perito judicial PSICOLEY

Profesional incluido en el buscador profesional THESAURO

Cuando el minusválido psíquico llega al final de su ciclo educativo en el ámbito escolar, encuentra en los talleres ocupacionales la posibilidad de seguir creciendo como personas y de obtener formación profesional que, en algunos casos, les permitirá acceder a un trabajo. La labor ocupacional permite al sujeto situarse dentro de una cadena social de intercambio, progresar en el aprendizaje de las técnicas y colaborar con el grupo, para la obtención de los productos que le permiten ver el sentido de su esfuerzo.

Si el trabajo ocupacional ha de ser un desafío a las barreras socio-laborales con las que los minusválidos se encuentran, el trabajo psicológico con ellos sólo puede ser entendido como una puesta en jaque a los límites personales que los diferentes grados de minusvalía presentan.

El trabajo psicológico se dirige a mostrar al sujeto –y a sus familias- que ese límite a sus posibilidades ha de ser puesto en entredicho una y otra vez. Lo esencial es que el sujeto acceda a una dignidad personal nacida de la fe en sí mismo y del reconocimiento como persona a través del acceso a los indicios de su futuro. Es decir, que más allá del acto manual, pueden acceder a un saber propio que le permita acceder a elegir algo de acuerdo a su deseo.

En cualquiera de los ámbitos de su vida, familiar, laboral, social, se trata, más que de normalizar a nuestros sujetos, de tener un trato normal con ellos, lo que es ya una normalización en acto.

La minusvalía psíquica es convertida en demasiadas ocasiones en incapacidad, lo que se manifiesta en el sometimiento del minusválido a hábitos que poco se diferencian de la domesticación, ya que el sujeto queda excluido del proceso formador y no se le deja opción a aceptar o rechazar tal proceso. Que su inteligencia tenga un límite, como la tiene la de cualquier sujeto, no puede ser motivo en ningún caso para sustraerles ningún derecho ni ningún deber.

En la medida que son reconocidos y tratados como adultos que son, sin el empeño de mantenerlos en un infantilismo alienante, su necesidad de recurrir a síntomas para oponerse a la situación a que se les relega y manifestar su malestar, será mucho menor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s