La ansiedad o angustia

Artículo de: EMILIANO DE LA CRUZ GARCÍA de PSICOLEY

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La ansiedad, o angustia, está siendo tratada desde la psiquiatría y desde algunas corrientes psicológicas como un trastorno en sí mismo, una maldición o, en cualquier caso, como algo que hay que hacer desaparecer cuanto antes y como sea.

Lejos de ese planteamiento, como psicólogo clínico, considero la ansiedad como una respuesta adecuada de nuestro psiquismo cuando, para asegurar su equilibrio, necesita manifestar con premura y contundencia que algo no funciona bien en nuestros planteamientos vitales o que estamos eludiendo la resolución de un conflicto. De modo similar a como en el cuerpo la fiebre no es el problema a evitar o resolver, sino el signo de alarma que nos ayuda a enfrentar y curar un mal que puede estar poniendo en peligro nuestro organismo, la ansiedad cumple en la mente una función similar: opera como la alarma fundamental que nos solicita pronta intervención para evitar un mal mayor en nuestra mente. Se constituye así en un límite necesario al desequilibrio presente en el psiquismo, una llamada a la salud, a que el sujeto se haga cargo de sus conflictos no resueltos, de demandas o exigencias propias o ajenas excesivas, del temor a que se convoque su deseo, o a alienaciones o sometimientos que están suponiendo un sobreesfuerzo a nuestra mente, un gasto innecesario de energía, resultado todo ello de un trabajo improductivo que el sujeto ha de realizar por su parte para satisfacer, generalmente, las demandas de otros. Por eso, la ansiedad necesita zarandear al sujeto y gritarle “Basta ya”.

Eliminar la ansiedad como si fuese el problema en sí misma, y no la tentativa de solución, sólo conduce a aumentar el problema que, antes o después –esa es una experiencia común-, buscará el mínimo resquicio en la mente para volver a manifestarse, generalmente gracias a un desencadenante que vuelve a poner en evidencia la existencia de ese malestar en el sujeto sobre el que echó tierra en aquella ocasión. Es lo que suelen contar las personas que sufren crisis de ansiedad: han venido viviendo episodios cada cierto tiempo tras un tratamiento medicamentoso que la ha hecho desaparecer.

El tratamiento que sea tal ha de dirigir sus esfuerzos a resolver lo que en la mente del sujeto necesitó llamar su atención mediante la angustia y así, entendiendo su función y resolviendo el conflicto que la hizo necesaria como alarma, hacer innecesaria la presencia de esa ansiedad en su vida. La mayoría de los pacientes acaban viendo que la angustia que detuvo o puso en jaque su vida un día fue el principio de un cambio de posición en su proyecto vital que les ha ayudado a sentirse mejor y más libres. Han entendido, desde la perspectiva que da la curación, el gran servicio que un día les hizo la ansiedad al imponer esa parada, ese límite en su vida.

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