Las nuevas tendencias en la atención o intervención psicológica

Artículo de: EMILIANO DE LA CRUZ psicólogo clínico y forense de PSICOLEY

Profesional incluido en el buscador profesional http://www.thesauro.com

Es muchas veces difícil decidir si la evolución en los tratamientos psicológicos incide ante todo en la forma y poco en el fondo, e incluso desvirtuando éste. Las nuevas tendencias tratan de hacer recaer el peso de la intervención psicológica sobre la relación terapéutica, considerando que ésta consiste en la empatía, el altruismo, la comprensión, la autenticidad…, lo que llaman las habilidades del terapeuta (y tratando de ignorar todas las implicaciones que en la relación terapéutica tiene la noción de transferencia). Y es que, hoy en día, parece que todo depende de las habilidades que tengas (para ser padre, para relacionarte socialmente, para ser psicólogo…), sin entender que dichas habilidades están cargadas, en su mayor parte, más de ideologías, de creencias, de empeños de imponer nuestra forma de entender al ser humano, que de saber auténtico. Si todo dependiera de habilidades, no habría más que montar una escuela para cada aspecto humano y todos felices. No es que no se pueda reconocer cierto valor a la adquisición de habilidades para ciertos aspectos de la vida, pero los esenciales (el amor, la integridad, la libertad…) dependen de cuestiones subjetivas mucho más radicales y no susceptibles de educación, o muy parcialmente dependientes del aprendizaje.

Pero esa postura es absolutamente coherente si se la compara con la patologización de cualquier manifestación humana gracias a la psiquiatría y a los diferentes DSM-x que han ido nombrando como enfermedad cada respuesta de un ser humano a situaciones vitales y proponer como remedio el correspondiente medicamento –que nunca han curado nada-. O sus explicaciones circulares tipo “el niño no atiende en clase porque tiene déficit de atención y tiene déficit de atención porque no atiende en clase” o solemnes tonterías como “tiene adicción a internet porque se pasa el día conectado y se pasa el día conectado porque tiene una adicción”.

Mientras el psicólogo sea respetuoso y esté comprometido, éticamente comprometido, con la curación de su paciente, cobra muy poca relevancia que sea empático, simpático o un  cardo borriquero. Los psicólogos no han de padecer con, ni sufrir con, todo lo contrario: si quieren ser objetivos y atender adecuadamente a su paciente no pueden estar atrapados en el sufrimiento de éste y aún menos en su goce.

Nuestra forma de entender la intervención psicológica supone entender la relación con el paciente desde el objetivo de resolver sus conflictos y síntomas. Porque, puede ser muy humanitario comprender al paciente, ser empático con él, pero lo que nos mueve es la pasión por entender el problema que lo está haciendo sufrir y resolverlo, no pasarle la mano por el lomo; trabajar y penetrar en la significación de sus síntomas, aunque eso pueda suponer  generar en el momento malestar e incluso dolor.

Poniendo un ejemplo lejano a la psicología, si yo voy a arreglar mi coche siempre pido al mecánico que lo arregle entendiendo los mecanismos que han fallado, resolviendo lo que ha sido la causa de la avería, no sólo las consecuencias de las mismas. Y siempre quiero que lo haga como tal mecánico, no que, según su manera de entender la mecánica, unas veces arregle desmontando el motor, otras se haga ayudar de un gurú que convoque los espíritus para arreglarlo, y otras llame a alguien muy comprensivo, cariñoso, generoso, altruista, que acaricie mi coche con amor y lo recite mantras (tipo los de la llamada psicología positiva) para relajarlo. Es decir, que cada cual en su oficio, si bien no le estorba un nivel de empatía con el semejante, depende para su buen hacer fundamentalmente del saber que tenga sobre ese oficio,  y lo que se le pide es que lo aplique con coherencia.

Nosotros trabajamos con una teoría que trata de establecer los fundamentos de cómo se constituye el sujeto, cómo se construyen los síntomas y cómo hay que afrontar su resolución, y eso ha de estar por encima de todas las características personales del psicólogo, de si es más o menos empático, o si es o no muy comprensivo (por no entrar en que todos esos términos remiten a formas de entender su significado totalmente distintas en cada persona). Es decir, creemos que lo que importa es su formación, su saber, la pasión por su trabajo, más que otros aspectos que, estén o no, ni favorecen ni entorpecen especialmente el proceso terapéutico.

Tampoco pretendemos ser nosotros las efigies inalterables ni las esfinges a descifrar por el paciente para evitar que nos lo comamos si no resuelve bien nuestro enigma –como Edipo ante la esfinge de Tebas-; no, para nosotros la esfinge es él y nosotros somos los que hemos de resolver el enigma de sus padecimientos, y no para acostarnos con él o ella como premio –también esto forma parte de las nuevas teorías sobre la utilización de la seducción en la terapia, sobre todo cuando, siendo hombre el terapeuta, se trata de bellas mujeres (no me lo invento: aparece en algunas páginas de psicólogos en internet)- , sino para permitirle liberarse de nuestra presencia para siempre, dejándonos la escoria y llevándose el mineral libre de impurezas –impedimentos, trabas, dependencias, alienaciones,…

Algunos confunden “enigma” –algo a descifrar, que muchas veces sólo requiere lógica- con “misterio” –algo incomprensible e indescifrable, inaccesible a la razón-, y por eso plantean que el modo de trabajo ha de ser heurístico (indagar, descubrir) y hermenéutico (interpretar), sin entender que descubrir e interpretar es lo que permite resolver los enigmas que vienen torturando al sujeto. Es, no obstante, un camino esperanzador que los psicólogos procedentes del conductismo se planteen ahora la intervención psicológica desde un modelo en el que los comportamientos se engendran en los procesos transaccionales de influencia recíproca entre biografía y contexto, donde esos procesos cumplen una función y tienen un significado y no en simples determinaciones de las conductas por aprendizajes a través de modelos.

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