MEDIDAS DE CUSTODIA CUANDO EL DIVORCIO SE PRODUCE ANTES DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA RELACIÓN DE APEGO CON ALGUNO DE LOS PROGENITORES

Amparo Cabrera Vallet

www.centro-psicologia.es/agora
Es licenciada en Psicología, realizó el doctorado en el tema de Psicopatologías del lenguaje y es especialista en Psicología Clínica. Desarrolla su actividad profesional en Psicología Jurídica especialmente en temas relacionados con el derecho de familia y la violencia de género.

La sociedad actual produce toda una amplia variedad de formas de entender y vivir la familia. Así puede ocurrir que los cónyuges se separen antes de que nazca su primer hij@ y, sin embargo, respectivamente acepten su paternidad y maternidad. ¿Cómo puede el/la bebé construir una relación de apego, un vínculo filial con el progenitor con el que no convive ni ha convivio con anterioridad?. Es un caso muy distinto al que se produce
cuando los progenitores se separan tras haber convivido durante unos años con su hij@, ya que en ese supuesto el niñ@ ya tiene una relación de apego, un vínculo filial con ambos y en las medidas de custodia, se trata simplemente de que pueda seguir disfrutando de esa relación, con todas las consecuencias beneficiosas para su desarrollo personal.

Para que un ser humano sea un adulto independiente, debe haber sido primero un niño dependiente. El apego a ambos progenitores puede haberse construido a los 6 o 7 meses de edad, para que se constituya, durante los 2 primeros meses de vida es necesario un contacto frecuente, regular, un umbral mínimo y variedad de contextos. Es el logro fundamental del primer año de vida, la clave que da la seguridad psíquica necesaria
para emprender el desarrollo.

Si el divorcio se produce antes de la construcción de la relación de apego las medidas de custodia deben propiciarla. Pero nos encontramos ante un/a niñ@ de muy corta edad, un ser en desarrollo, con unas características psicológicas específicas. Los conceptos, percepciones, capacidades, formas de relacionarnos que nos parecen normales y lógicos cuando somos adultos, son absolutamente diferentes cuando somos niñ@s. Pero cuidado, no se trata de que un niñ@ sea un adulto pequeñito e ignorante. Un/a niñ@, es un ser con otra forma de percibir, de pensar, de experimentar y de
relacionarse, en definitiva un ser al que no podemos aplicar nuestra lógica de adultos sin más, pero no debemos reducir la diferencia con nosotros los adultos, a su ignorancia.
Debemos pensar la diferencia de un modo más sabio y tener curiosidad hacia esa manera distinta de percibir, experimentar y pensar. Aquí reside la problemática de la construcción del vínculo filial con el progenitor con el que no convive el o la niñ@.

Como hemos señalado, para que se desarrolle el apego, es necesaria una interacción frecuente durante los dos primeros meses de vida. Por ello, en las
separaciones anteriores al nacimiento, es probable que el progenitor no residente, no haya disfrutado de esta relación próxima y frecuente con su hij@. E/lal niñ@, probablemente ha creado el vinculo de apego con el progenitor custodio, mientras el no custodio desea tener un vínculo con su hij@. Ese deseo es muy interesante para la construcción del vínculo, sin él no sería posible. Pero ese deseo no debe hacer olvidar al progenitor no custodio las características psicológicas de un/a niñ@ de muy cota edad.

Tomemos la idea de tiempo como referente de la especificidad de las concepciones infantiles. El desarrollo de la perspectiva temporal es la consecuencia de la evolución psíquica y hasta los cuatro años, no existe una percepción clara del paso del tiempo, de la organización temporal de la experiencia. Así, aunque alrededor de los dos años es posible hablar con un niño acerca de hoy y de mañana, y nos puede seguir en la organización de las actividades comunes, es a los cuatro años cuando el/la niñ@ puede manejar la idea de “mañana” con solvencia, es decir, es capaz de relacionar la idea de “mañana” con su experiencia de forma espontánea y operativa. El desarrollo de la perspectiva temporal es fundamental a la hora de establecer el régimen de visitas del progenitor no custodio con el que no existe un vínculo filial, como consecuencia de no haber convivido ambos. Al no
existir ese vínculo cuando el niñ@ se va con este progenitor, se separa de la figura de apego y para que esa separación no produzca una angustia de efectos fuera de control, debe contar entre su acervo de percepciones y capacidades, con la perspectiva del
tiempo. Si posee una perspectiva temporal de la experiencia podrá tener una representación de la separación temporal de la figura de apego. Si no es posible esta representación, en su lugar aparece una angustia masiva. Por ello el régimen de visitas con el progenitor con el cual el/la niñ@ no ha convivido nunca, debe comenzar con períodos frecuentes de dos horas y posponer la pernocta para el momento en el cual exista la representación mental de la experiencia del tiempo, alrededor de los cuatro años.

El desarrollo de la comprensión del tiempo durante preescolar y primeros años de primaria sigue una lógica, en la cual se abarcan períodos de tiempo cada vez más amplios (Osterieth, P., 2008). Desde la comprensión del “mañana” a los 4 años, pasará a los 5 años a entender y operar con “pasado mañana”. A los 6-7 años, podrá funcionar con los conceptos de semana y mes y a los 7-8 años, comenzará a atisbar la idea de “para siempre”, aunque de forma rudimentaria, no abarcará la abstracción que el término implica.

Sin embargo, diseñar el régimen de visitas de forma estricta basándonos exclusivamente en el criterio de edad no es completamente adecuado, porque cada niño tiene un modelo evolutivo único. El criterio evolutivo es un marco de referencia importante, útil para marcar un esquema válido general (Hodges, 1991). Pero se debe llevar un seguimiento de la evolución del niño y de la construcción del vínculo filial con el progenitor no custodio con el que el/la niñ@ no había convivido con anterioridad a la separación.

Este seguimiento permitirá adecuar la frecuencia de visitas y la duración de las mismas al desarrollo único del niñ@ de que se trate y como consecuencia, orientar el proceso de construcción del apego, en las circunstancias temporales y espaciales concretas del caso.

Referencias

Hodges, W (1991)). Interventins for children of divorce: Custody, access and
psychotherapy. New York: John Willey

Osterrieth, P. (2008). Psicología Infantil. Madrid: Ediciones Morata.

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